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Iglesia Parroquial Santa María Encarnación

Constantina

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En la plaza del Llano se erige la iglesia parroquial de Santa María de la Encarnación, que ennoblecida por su torre-fachada, es el templo de mayor relevancia del núcleo urbano de Constantina, 

Edad Moderna
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En la plaza de Llano del Sol se erige la iglesia parroquial de Santa María de la Encarnación, que ennoblecida por su torre-fachada, es el templo de mayor relevancia del núcleo urbano de Constantina.

La construcción de la iglesia se fecha entre finales del siglo XIV y comienzos del XV, y parece responder a la necesidad de unificar tres antiguas iglesias medievales en una única parroquia para así dar servicio a la creciente población de la localidad. El edificio se proyectó con tres naves separadas por pilares y arquerías apuntadas, cabecera y torre-fachada, de la que se conserva el primer cuerpo, siguiendo el conjunto una tipología mudéjar.

A lo largo de los siglos, como es habitual en edificios de esta entidad, se irán sucediendo numerosas reformas y añadidos. Así en el siglo XVI se añade la fachada principal y en siglos posteriores se le adosan al antiguo edificio las tres capillas laterales, quedando finalmente el presbiterio y sus capillas colaterales cubiertos con bóvedas nervadas y el resto de las naves con bóvedas de arista separadas por fajones. 

Sin embargo, en el comienzo de la Guerra Civil española la iglesia sufrirá un incendio que afectará gravemente al edificio, perdiendo la cubierta original de madera de la nave central y el retablo del altar mayor. La torre, sin embargo, no sufrirá daños.

En 1941 se iniciaron labores de restauración del templo cuyas reformas se han sucedido a lo largo del siglo XX. En este proceso se ha dotado a la iglesia del mobiliario, altares e imágenes que hoy podemos observar, donde destaca un sencillo retablo del que algunas piezas se atribuyen a Felipe de Ribas e imágenes de gran devoción popular como la Virgen de los Dolores.

Como han destacado numerosos especialistas, el elemento constructivo más destacado es la torre, de cinco plantas más chapitel, que alcanza los 50 metros y ocupa el centro del edificio. Su gran esbeltez se ve intensificada por el fuerte contraste entre la blancura de las paredes y los motivos decorativos en piedra de la portada y otras partes de la fachada. La construcción fue iniciada por Martín de Gainza, a quien se debe tanto la portada principal como la ventana renacentista, terminadas en torno a 1546. A dicho maestro le sustituiría Hernán Ruiz II, a quién posiblemente se deba el proyecto de conclusión de la torre, siendo finalizada por Pedro Díaz de Palacios entre 1571 y 1575.

La torre descansa sobre la gran portada renacentista de dos cuerpos y de piedra tallada. La “Puerta del Perdón”, que da entrada a la iglesia, presenta un arco de medio punto y se encuentra flanqueada por columnas con capiteles, los cuales están decorados con grifos y cabezas de ángeles que soportan un entablamento completo. En la parte superior destaca la ventana doble rematada por un frontón, a cuyos lados están esculpidas las imágenes de la Virgen y de San Gabriel en la escena de La Anunciación. La ventana geminada se nos muestra como una de las más notables tallas en piedra del Renacimiento de la provincia. La otra ventana de la iglesia de Santa María de la Encarnación es también renacentista, de arco de medio punto, y se encuentra situada a la derecha de la portada. A través de ella se ilumina la pila bautismal.

A ochenta y siete escalones de altura, en una estrecha y empinada escalera espiral iluminada por saeteras, se llega a la maquinaria del reloj, que comenzó a medir el tiempo en Constantina hace ciento treinta años. Desde el cuarto cuerpo de la torre se marca la hora en sus cuatro esferas. La vinculación de la torre con la medición del tiempo ya aparece tempranamente con el antiguo reloj sol ubicado en un lateral de ésta. No obstante, en 1662 se colocará el primer reloj mecánico, situado en el tercer cuerpo, y del que se conserva la esfera en que están inscritas las horas. En 1890, el antiguo reloj fue sustituido por el que hoy en día luce la torre y su mecanismo requiere que se le dé cuerda una vez al día todos los días del año.

De la maquinaria penden tres pesas, su peso y la gravedad van provocando la fuerza que, a través de ejes, mueve las agujas. Estas pesas tardan veinticuatro horas en tocar el suelo. Por eso, cada día hay que subir las pesas para que el reloj no se pare. De las ocho campanas de la torre, las tres situadas en la zona más alta son las que repican siguiendo las órdenes del reloj. Sin embargo, su funcionamiento se vio muchas veces interrumpido hasta que, con motivo de la celebración de su centenario, se puso de nuevo en marcha gracias a los vecinos de Constantina y su Cabalgata de los Reyes Magos.

La encomiable labor de dar cuerda diaria al reloj permite a los constantinenses mantener el vínculo histórico con el tiempo y sus manecillas.