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El Coto de las Canteras es uno de los espacios patrimoniales más singulares de Osuna. Situado en el cerro de San Cristóbal, conserva las huellas del trabajo de generaciones de sillareros que extrajeron la arenisca empleada en numerosos edificios de la localidad. Se trata de un paisaje formado por sucesivas capas de tiempo: la arenisca nacida en un antiguo mar; la loma transformada por la cantera; los espacios adaptados cuando cesó la extracción; y la intervención contemporánea, que incorporó jardines, esculturas y nuevos usos culturales.
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El Coto es uno de los sectores más monumentales de las antiguas canteras de Osuna. Este enclave forma parte de un extenso territorio de explotación situado al norte de la localidad, sobre el cerro de San Cristóbal y a menos de un kilómetro del centro histórico.
Las altas paredes, bancadas, galerías, cortes y vaciados testimonian siglos de extracción de piedra. Estas huellas poseen un importante valor etnológico, pues conservan la memoria de los sillareros, de sus técnicas y de los conocimientos transmitidos durante generaciones. El paisaje actual es, por tanto, el resultado de la ocupación histórica del cerro y de su continua transformación por las comunidades que lo habitaron y trabajaron.
La roca que contemplamos es una arenisca calcárea formada durante el Mioceno superior, cuando este territorio se encontraba bajo un medio marino poco profundo. Sus estratos cruzados, cambios de textura y restos fósiles pertenecen a una historia geológica de millones de años. Las cualidades de esta piedra, apta para ser cortada y labrada en forma de sillares, favorecieron su utilización como material constructivo.
Aunque la utilización de la piedra local está documentada desde la Antigüedad, la explotación alcanzó un notable desarrollo durante el siglo XVI. En este periodo, la Casa de los Téllez-Girón impulsó un ambicioso programa constructivo destinado a transformar la villa en el centro político, religioso y cultural de sus dominios. La construcción de la Colegiata de Nuestra Señora de la Asunción y la fundación de la Universidad, ambas visibles desde este entorno, incrementaron considerablemente la demanda de piedra y permiten comprender la estrecha relación existente entre las canteras y la imagen monumental de Osuna.
El Coto conserva las huellas de las dos modalidades de explotación empleadas en la zona. En los sectores exteriores se reconocen cortas verticales, bancadas y rebajes rectangulares dejados por los bloques extraídos. En otros puntos, la disposición de los estratos llevó a los trabajadores a penetrar en la loma para buscar la piedra de mejor calidad. El vaciado progresivo de su interior creó una enorme galería cubierta, sostenida por pilares y masas de roca de proporciones ciclópeas. El resultado es un espacio sobrecogedor, semejante a una gran catedral tallada en la arenisca, que alcanza en algunos puntos los veinticinco metros de altura. En él las paredes se curvan y se abren hacia la base, enlazándose de manera irregular mediante una sucesión de planos, aristas y desniveles. Sus grandes dimensiones, los muros inclinados y la altura de sus techos proporcionan, además, unas condiciones acústicas que favorecieron su adaptación como auditorio y espacio destinado a conciertos, representaciones y celebraciones.
Tras la desaparición de la extracción tradicional entre las décadas de 1960 y 1970, las cavidades se adaptaron a nuevas necesidades. El recinto fue utilizado como almacén de carros y, desde 1979, como silo para pipas de girasol. La exposición de aperos agrícolas que se conserva en su interior recuerda estos usos y la importancia histórica de la agricultura en la campiña de Osuna.
La recuperación contemporánea de El Coto transformó la antigua explotación en un espacio artístico, paisajístico y cultural. La roca se integró con más de cuatro mil metros cuadrados de jardines, donde la vegetación introduce formas, colores y texturas que contrastan con los tonos ocres de la arenisca. A esta intervención se sumaron diferentes obras contemporáneas talladas directamente en la roca o realizadas con bloques procedentes de la cantera. Dentro de este proceso se enmarca también la intervención del escultor ursaonense Francisco Valdivia, autor de varias creaciones inspiradas en el pasado ibérico de Osuna y en otros referentes históricos y simbólicos. Entre ellos destacan el León Íbero, el Carnero, los Tocadores del Cornu y el monumental mural de la vendimia, tallado directamente sobre una de las paredes interiores.
Bibliografía
- Arregui Pradas, R. (2003). “Canteras de Osuna. Recuperación de un espacio culturas y geológico” en Cuadernos de los Amigos de los Museos de Osuna, nº 5. Osuna. Págs. 42-43.
- Fajardo de la Fuente, A. (2015). “Las canteras de Osuna, un recurso de extraordinario valor geológico, paisajístico y patrimonial ligado a una actividad milenaria. Testimonios de su abandono, deterioro y de su deseable puesta en valor” en Cuadernos de los Amigos de los Museos de Osuna, nº 17.Págs. 139-149
- Seño Asensio, F. (2008) “Reflexiones sobre un patrimonio olvidado: el oficio de los canteros y las canteras de Osuna” en Cuadernos de los Amigos de los Museos de Osuna, nº 10. Págs. 59-63.
- https://elcotolascanteras.com/